
Vieja niña.
Regresa, regresa.
Insoluto sifón de oro líquido.
Inunda cada hueco mío.
Pulso rítmicamente.
Sobrevivo… vivo.
Veo.
Ojos con pupilas de reptil nuevas.
Me arrastró…
Ellos observan.
Puerta cerrada.
Luz asomándose.
Instinto primario.
El llanto es una llaga de celos. El dolor es el sol y la flor. El infierno es amor tan eterno. El infierno es amor.
Se eriza la piel.
Advierte.
Tomo aire.
Observo el ancla dentro del tobillo.
Saldré… me digo y confío.
Abro una habitación antiquísima.
Tonos melancólicos.
Fuego en la fogata alumbrando.
Mujer posada en suelo.
No me presta atención.
Musitando…
“I Nun, it netjeru, qema wenenut, ii-ne-i er-ek”.
Crea… observa…
desde las cuencas vacías.
Sus manos saben del umbral.
Sus ojos, no.
El suelo de madera viejo.
Reconozco mi piel.
El viento confirma quién es.
