Cuando yo tenía 9 años, mi hermana me llevó al santuario de Masumeh.
Era hermoso. Pero nunca olvidaré el olor.
Una mezcla de sudor y el agua de rosas con la que rociaban a los fieles.
Yo creía que sólo los más piadosos olían así.
Olfatean tu aliento.
Para saber si has dicho “te amo”.
Olfatean tu corazón.
Son días extraños, cariño.
Aquél que llama a tu puerta a media noche.
Ha venido a matar la luz.
Sería mejor ocultar la luz en el closet.
