LOS PELIGROS DE NACER EN LA TIERRA

No puedo a veces parar de escribir, ¿sabes? Es compulsivo… como si fuera un dictado del inconsciente, siempre apoyada de mi diccionario para buscar la palabra adecuada y pulcra. A veces creo que el lenguaje es como magia y se debe emplear el verso adecuado pero aun me falta tanto, pero mientras dejaré que solo emane lo que traigo.

Durante un tiempo permití que este vínculo operara bajo una gravedad equivocada, te llevas la impresión de que mi voluntad cedió ante la estructura de tus términos, pero esa es una lectura superficial de la materia. Confundiste la permeabilidad de un momento con la capitulación del soporte, porque no hay quiebre en mí; hubo, acaso, la suspensión temporal de un pulso que hoy recupera su eje exacto y su densidad original. Mi intensidad y mis texturas siempre me pertenecieron, siempre, y el error fue suponer que la escasez del afuera podía dictar el orden de mi taller interno… porque nuestras magnitudes son distintas; donde tú creíste ver una victoria sobre mi fractura, yo solo veo la fatiga de un material que ya no tiene espacio en mi diseño. Me retiro hacia mi propia geometría, soberana y en perfecto silencio. Que tengas buen camino.