Regresa. Ya es de noche.
La oscuridad es aquello que me completa y la paz está en la tormenta y el drama.
¿Serás tú mi mujer sombra para poderte culpar? ¿Para entregarme a ti? ¿Para que tú me poseas? No. Me digo con determinación. Yo ya tengo dos mujeres sombras dentro mío. Nací con ellas. Son “mis dones”. Mi poder y mi debilidad. No huyo del deseo. No me asusto como una adolescente.
Creí que lo sabrías. Que lo intuirías. Estoy siendo pura. Porque mi cuerpo está preparándose para purificarse. El deseo no puede corromperlo. No lo hará. No lo puedes poseer ni en la lejanía. Mi cuerpo pertenecerá a otros menesteres más divinos.
Mientras tanto, cuídate de la silenciosa en el desierto,
de la viajera con el vaso vacío,
y de la sombra de su sombra.
Dejar el orden.
Abandonarse.
Perderse.
A la oscuridad.
A la irrealidad.
La sensualidad no pidiendo excusas. Esa ternura feroz.
El sexo, el placer y la intensidad emocional sin duda fueron mi bastión mucho tiempo para llenar mi vacío interno. Y ya saciada, ¿que se necesita? Aislamiento, por supuesto.
El mercado y la carta bordada ya no existe, flota entre mundos, se abandona, se entrega a la irrealidad, a esa fiebre que consume, que hace arder.
Cuando te leo, te descifro, y yo me encuentro representada en algún texto, en alguna palabra, en una intención. ¡Que maravillosa trampa!
¿Seré un espejo? ¿Seré una espectadora de una tragedia? ¿O seré un personaje? Que emoción, que horror.
Analizo en voz alta. Mi familiar levanta sus orejas. Me mira extrañado. “Otra vez hablando sola” piensa… lo acarició con ternura. Con amor. Con protección. Es mi ancla. Jamás me dejará. Musito.
