LA ÚLTIMA VEZ QUE PIENSO EN TI

Veo tu última fotografía en Instagram y solo logro abrir los labios para pronunciar lo que sale de mi corazón. Deseos. Deseo. Te deseo.

Yo te decreto el abismo y la cima, el fuego sagrado, el hambre de mundo, la hermosa impaciencia.

Te deseo la bendición de los idilios feroces y el sagrado refugio del aislamiento, también te deseo la fascinación por los eclipses, por los océanos indomables y por las almas errantes que crucen tu vía.

Te deseo la agudeza que corta el aire y el ingenio que desafía a la lógica; te deseo unos ojos que interroguen al universo, una memoria que huela a verdades antiguas, unos labios que bendigan y rescaten o maten con precisión quirúrgica, unos pasos que jamás pierdan su rítmica juventud y un quiebre en el pecho que, al sanar, te devuelva el triple de tu entereza.

Te deseo la paciencia milenaria de las cordilleras, la persistencia ciega de las mareas y la digna incertidumbre que habita en las catedrales abandonadas.

Te deseo la certeza en las señales del viento, en los susurros de los ancestros, en las promesas de los navegantes y en la tregua de las mujeres y los hombres sin mapa alguno pero que caminan aún así.

Y yo deseo que tu luz, con mi devoción, sane mis sombras, mi herida y tu poder que hoy nos hace eternas, y el mañana como un lienzo infinito donde aguarda, intacto, todo lo que el destino nos tiene reservado.

Así sea.