LA MALA COSTUMBRE

Esta es mi fractura. No soy la víctima del incendio, soy el fuego que se piensa a sí mismo. La dualidad, el horror al rechazo y la fuerza del cetro no es una condena, sino la física de mi naturaleza indómita, que es una contradicción excelsa que se contempla en el espejo y se reclama dueña de su propia y soberana oscuridad. 

Per aspera ad astra. Cruzo el abismo con el mentón alzado, sabiendo que la soberanía sobre mi propia vida se esculpe con la misma sangre que a veces amenaza con desbordarme y que el poder que me subyuga y me calcina reside en la fuerza de mi propia ofrenda. 

Surgere et vincere. La tregua no es la rigidez del mármol, la verdadera restauración comienza en el instante sagrado de la fractura, cuando dejo de fingir el orden sobre la madera rota y recupero mis pigmentos, asumo el incendio de las horas vacías y reclamo, frente al caballete de mi hermosa ruina, el derecho absoluto a gobernar mi propia y soberana tormenta.