Allí donde otros exponen sus obras, yo no pretendo otra cosa que mostrar mi espíritu.
Me siento en un punto muerto,
frente a un vacío que no he creado yo, pero que, sin embargo, habita en mí.
Me hablas y callas,
y en ese silencio me arrojas a la nada de mi propio pensamiento.
Mi dolor no es la ausencia,
sino la certidumbre de que mi existencia depende de un rastro que tú borras,
de una palabra que retienes como un arma.
¿Qué soy para ti sino un objeto que se fragmenta?
Tu silencio es la parálisis de mi alma,
una forma de morir sin haber dejado de respirar.
