A VECES PIENSO EN DESAPARECER

Mi día comienza.

Perdona mi inglés. Aún sigo aprendiendo y la conjugación de los verbos aún me es difícil. Como también lo es conjurar viejos hechizos.

Ahora gracias a tu presencia ya no siento el aburrimiento. Pero ahora me drenas, me succionas la sangre, me haces sentirme viva. Y muerta.

No quiero perderme a mí para estar en ti.

Me lo debo.

No quiero más.

Lo anhelo.

Lo imagino.

Mi pequeña Dorian Grey.

Solo un acto divino me puede quitar este manitú.

Confío en ello.

Mi pequeña Lord Henry Wotton. Me siento a veces como en Fausto, con Mefistófeles rondando mi ser.

Una mujer que no ha atravesado el infierno de las pasiones, nunca las ha superado.

Mi cielo y mi infierno. Tan hermosa. Estoy segura que amas tu reflejo.

La luz mala se ha avecinado.

Y nada es cierto. ¿Y si creo todo lo que leí acerca del espíritu?

Si en un futuro pudieras ver a la que duerme entre sombras.

Tuve que conjurar a los sensibles como yo que me antecedieron. Solo sus palabras serán capaces de transmitir lo que quiero decirte.

Que la lucidez es un don, y es un castigo. Está todo en la palabra “lúcido” viene de Lucifer, el arcángel rebelde, el demonio. Pero también se llama Lucifer al lucero del alba, la primera estrella, la más brillante, la última en apagarse. 

Lúcido viene de Lucifer, y Lucifer viene de luz, y de Fergus, que quiere decir “el que tiene luz”, “el que genera luz”, “el que trae la luz que permite la visión interior” el bien y el mal, todo junto, el placer y el dolor. 

La lucidez es dolor, y el único placer que uno puede conocer. Lo único que se parecerá remotamente a la alegría será el placer de ser consciente de la propia lucidez. 

El silencio de la comprensión. El silencio del mero estar. 

En esto se van los años. En esto se fue la bella alegría animal.

Contigo pierdo mi lucidez.

Cuando tu vienes yo me voy. Me abandono. Quiero que entiendas eso.

No quiero ya.

Por favor, libérame.

Eres la que genera luz, la más bella, la más brillante, la más peligrosa.

El bien y el mal. Todo junto. Eres la que trae el placer. Y el dolor.

No sufriré por perderte, sufriré porque alguna vez creí que serías mía. Cuando suelte esa ilusión de posesión, el sufrimiento perderá su poder.